MANIFIESTO FARO
Vivimos en una época que ha ampliado enormemente el acceso a prácticas de bienestar, desarrollo personal y cuidado emocional. Nunca antes habían existido tantas herramientas disponibles para intervenir en la experiencia humana.
Sin embargo, la expansión de recursos no siempre ha venido acompañada de una expansión equivalente en discernimiento.
FARO surge en este contexto, no para sumar una nueva práctica, sino para aportar claridad. Su punto de partida es simple: ninguna herramienta es neutra, ninguna es universal, y ninguna está exenta de límites.
El bienestar no se entiende aquí como un estado permanente al que se llega aplicando correctamente ciertos métodos, sino como una relación dinámica con la propia experiencia. En esa relación, intervenir no siempre es sinónimo de cuidar, y hacer más no siempre conduce a estar mejor.
FARO no promueve técnicas, no prescribe caminos y no propone soluciones generales. Su labor es pedagógica: ofrecer marcos de comprensión que permitan situar cada práctica dentro de un contexto más amplio, entendiendo qué puede aportar, qué no puede ofrecer y en qué casos podría no ser adecuada.
Este proyecto también reconoce que el malestar forma parte de la experiencia humana y que no todo debe ser optimizado, gestionado o transformado. A veces, el cuidado consiste en comprender antes que en modificar.
En un territorio saturado de promesas de cambio, FARO elige un lugar menos espectacular y más necesario: el de la orientación. No para decir qué hacer, sino para ayudar a pensar con mayor precisión antes de elegir cualquier forma de intervención sobre uno mismo.
FARO es, ante todo, un mapa.
Y un mapa no obliga a recorrer un camino, pero puede evitar que se confunda cualquier sendero con el único posible.