2. No todo sirve para todos

Las herramientas de bienestar no son universales; su pertinencia depende del contexto, el momento vital y las condiciones de cada persona.

2. No todo sirve para todos

En el campo del bienestar y el desarrollo personal circula con facilidad la idea de que ciertas prácticas “funcionan”. Se presentan como herramientas eficaces, validadas por la experiencia de muchas personas, recomendadas por profesionales o respaldadas por tradiciones consolidadas.

Sin embargo, una pregunta fundamental suele quedar fuera de la conversación:
¿para quién, en qué momento y en qué condiciones?

Con frecuencia, las herramientas de cuidado se comunican como si fueran neutras y universalmente aplicables. Se asume que, si una práctica ayudó a alguien a regularse, comprenderse o transformarse, podría —o incluso debería— ayudar a cualquier otra persona que la aplique de la manera correcta.

Desde esta lógica, cuando una práctica no produce el efecto esperado, la conclusión suele recaer sobre la persona: no lo hizo bien, no lo intentó lo suficiente o aún no está preparada para que funcione.

FARO propone desplazar esa mirada.

Las herramientas no son universales. Son situadas. Su impacto depende de múltiples factores que rara vez se consideran al presentarlas como soluciones generales: el momento vital de quien las utiliza, su historia personal, su nivel de recursos internos y externos, su estado físico y emocional, el entorno en el que vive y el tipo de acompañamiento —si lo hay— que sostiene el proceso.

Una misma práctica que para alguien resulta reguladora y clarificadora, para otra persona puede ser abrumadora, desorganizadora o simplemente irrelevante. No porque la herramienta sea “mala” ni porque la persona esté “fallando”, sino porque no existe una correspondencia automática entre práctica y efecto.

Este cambio de enfoque es sutil, pero profundo. La pregunta deja de ser si una herramienta es buena o mala en sí misma, y pasa a ser si es pertinente en un contexto determinado.

Cuando se ignora esta dimensión, pueden aparecer efectos poco visibles pero significativos: personas que se fuerzan a sostener prácticas que no les hacen bien, procesos que se intensifican sin suficiente contención, malestares que se interpretan como resistencia personal en lugar de como señales de desajuste entre la herramienta y el momento vital.

Comprender la importancia de la pertinencia no lleva a usar menos recursos, sino a utilizarlos con mayor cuidado. Implica reconocer que el bienestar no se construye acumulando prácticas, sino desarrollando la capacidad de discernir cuáles pueden ser útiles, cuáles no, y cuándo conviene no intervenir.

Es por ello que en este lugar vas a ver como FARO no se organiza en torno a recomendaciones, sino en torno a mapas. No para decir qué debe hacerse, sino para ofrecer referencias que ayuden a situar cada herramienta dentro de un panorama más amplio.

Porque antes de preguntar “¿esto funciona?”, la invitación es otra:
¿para quién podría tener sentido, en qué circunstancias y con qué límites?